CANTABRIA REPUBLICANA
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Un solo día de frío no basta para congelar el río a tres pies de profundidad” (II Parte)
(Publicado en «La Forja» Nº 34, órgano del Partido Comunista Revolucionario(Estado Español), con ocasión del 50ª aniversario del XX Congreso del PCUS)

Además de estas dos ideas principales, el Informe plantea otras cuestiones que son el colofón de políticas anteriores y que serán aprobadas también en el Congreso. Destaca el análisis de la etapa de reconstrucción de la URSS después de la guerra mundial desde la perspectiva de la superación de los índices de producción de antes de la guerra. El esfuerzo de reconstrucción se había basado principalmente en cuatro puntos de apoyo: en el desarrollo de las fuerzas productivas, el progreso tecnológico, la disciplina laboral y el esfuerzo físico. Ahora, la necesidad anterior de una férrea centralización para llevar a cabo el proceso reconstructor sobre la base de esos cuatro pilares debía dar paso a una descentralización que a la vez supusiera una desburocratización que liberase al pueblo soviético de esa presión. En realidad la descentralización supondrá favorecer a la burguesía que controla el aparato productivo, estableciéndose mecanismos de dirección y gestión más acordes con los tradicionales objetivos de producción típicamente capitalistas que ya se basaban, antes del XX Congreso, en el desarrollo de las fuerzas productivas. Es por esto que el establecimiento de estas medidas, de las cuales se daría cuenta en el Informe sobre las directrices para el VI Plan quinquenal de desarrollo de la economía de la URSS , presentado por N. Bulganin, no levantará, en un primer momento, especiales reticencias, ni dentro del PCUS ni fuera, entre los demás partidos hermanos presentes; lo cual indica que el déficit ideológico en que se encontraba el movimiento comunista ya era bastante grande y la deriva economicista ocupaba el centro de las preocupaciones en aras de la competencia con el capitalismo.

El Congreso introduce otras aportaciones que separan aún más al PCUS y a la URSS del camino socialista. Desde sus inicios, la construcción del socialismo se había encontrado con dificultades que forzaron retrocesos necesarios pero asumidos y, en un principio, controlados, como fue por ejemplo el establecimiento de la NEP o el recurso a los cuadros y técnicos del antiguo régimen. Sin embargo, posteriores errores provocarán la desviación de la atención sobre los verdaderos peligros de los enemigos internos, tanto teóricos como prácticos, del desarrollo del socialismo y de su Estado de Dictadura del Proletariado. Esto conducirá a una percepción inadecuada e incompleta de dichos problemas y conllevará una relajación que impedirá el mantenimiento de una adecuada vigilancia revolucionaria y la adopción de las medidas correctoras adecuadas para cada situación y momento como modo de garantizar el progreso del socialismo. Por lo tanto, estas aportaciones del XX Congreso representan la confluencia de toda una progresiva deriva anterior que, a falta de los mecanismos de respuesta basados en el marxismo-leninismo y que debieron adoptarse en su día, tomarán en este Congreso el camino de la restauración capitalista.

Se impone el precepto de la emulación socialista como base de la competencia económica con los países capitalistas, queriendo demostrar con ello la superioridad del socialismo, del cual se afirma que “no conoce ni crisis ni conmociones” . Pocos meses después, en el curso del mismo año, se produciría la crisis polaca y la contrarrevolución húngara. Se llega incluso a afirmar que la principal tarea de la teoría marxista estriba en resolver los problemas económicos y que, por consiguiente, las actividades del Partido deben de estar ligadas a la actividad económica para “la creación de la potente base material y técnica del comunismo” . El objetivo económico fundamental que se establece es el de “alcanzar y sobrepasar en la producción por habitante a los países capitalistas más desarrollados” . Así pues, la URSS se encamina sola hacia el comunismo sobre la base de la victoria económica sobre el capitalismo.

El Partido pasa a ejercer el control económico a todos los niveles y el trabajador en aras de la competencia con el capitalismo ha de hacer girar su vida en torno a las necesidades de la producción. Para incentivar el trabajo individual e incrementar su productividad se establecen medidas de estímulo basadas en la remuneración económica y se facilita su fijación en el puesto de trabajo estableciendo sistemas de guarderías y comedores de comida rápida. De hecho, se implanta el sistema burgués en las relaciones de producción para someter a la clase obrera, individualizando a sus componentes en su relación con los medios de producción y perpetuándose la división del trabajo mientras se pospone indefinidamente la cuestión de su supresión.

La formación, la investigación y la ciencia se ligan a los intereses de la producción y se establece la descentralización económica por repúblicas y la autonomía financiera entre las empresas, que deberán, desde ahora, guiarse por su cuenta de resultados y no por las necesidades reales de la población.

Como se afirma que el socialismo ya se ha alcanzado y que la alianza entre obreros y campesinos es indisoluble, el Estado de la Dictadura del Proletariado es sustituido por el Estado de todo el pueblo . Esto supone la abolición prematura de la lucha de clases en la URSS, que por otra parte ya se había logrado en 1936, como el propio Kruschev recoge en su informe:

“Es sabido que cuando se aprobó la nueva Constitución de la URSS (en 1936), el sistema socialista había vencido y se había consolidado ya en todas las ramas de la economía nacional. Eso quiere decir que en nuestro país estaba ya, en lo esencial, edificada la sociedad socialista, que desde entonces se desarrolla sobre la sólida base inquebrantable de las relaciones de producción socialistas. Por ello, afirmar que en nuestro país sólo se han construido los cimientos del socialismo significaría desorientar a los comunistas y a todos los soviéticos en la importantísima cuestión de las perspectivas del desarrollo de nuestro país.”

Kruschev coincide aquí totalmente con Stalin en el tema de la transición al comunismo. Se apoya en el pasado para afianzar el presente e introducir las medidas que liberen las fuerzas reinstauradoras del capitalismo.

Las continuas proclamas del informe sobre la invencibilidad del socialismo, sobre su superioridad y la imposibilidad de la restauración capitalista actuarán como cortina de humo que impedirá a la mayoría de los comunistas ver la gravedad de la crisis del comunismo soviético y por ende de todo el movimiento internacional. Sin embargo, aún podrá librarse la última gran batalla contra el revisionismo gracias a la intervención del Partido Comunista de China. Este alzará de nuevo la bandera roja del marxismo-leninismo e impulsará la lucha durante dos décadas más. Con la derrota del maoísmo en China la suerte del Primer Ciclo Revolucionario de la historia estaba echada y pronto tocaría a su fin. Pero pasemos a las causas del XX Congreso.

Antecedentes que desembocan en el XX Congreso y necesidad del balance

El movimiento comunista internacional se encontraba ya en una crisis profunda a mediados de los años 50. El fracaso de las sucesivas intentonas por extender la Revolución Proletaria Mundial iniciada en el 17 en Rusia provocó, como ya hemos dicho, un frenazo en las perspectivas revolucionarias y confrontó al marxismo-leninismo con una nueva situación. La respuesta que se dio en un principio para hacer frente al aislamiento en que quedaba la URSS, se basó en la aplicación de la correcta teoría del socialismo en un solo país. Pero pronto empezará una desviación lenta pero inexorable que desembocará en las graves consecuencias para el socialismo que todos conocemos. En la medida en que la desviación aumenta en todos los terrenos, las respuestas parciales a lo que incorrectamente se percibe como deficiencias o ataques externos, facilitarán que la burguesía tome el poder en la dirección del Partido y el Estado soviéticos, sin que sea advertido correctamente por nadie.

Las causas de esta desviación están en el propio origen del bolchevismo y son lastres que provienen a su vez de los mismos comienzos del marxismo y de la forma en que éste fue asimilado por la Segunda Internacional. Estos lastres impondrán limitaciones a las premisas del Ciclo de Octubre.

Uno de los principales problemas que arrastra el marxismo estriba en la dificultad en asumir la dialéctica materialista por parte de sus continuadores, piedra de toque fundamental para separar el marxismo de lo que no lo es. La fórmula dialéctica correcta uno se divide en dos es la fórmula adecuada para cualquier entidad o categoría, y desde luego también lo es para el marxismo. Esto significa que el marxismo, desde su mismo origen, presenta dos aspectos opuestos en su propio seno. Lo que consideramos correcto del marxismo, el marxismo propiamente dicho, avanza y se desarrolla en lucha con lo incorrecto del marxismo, esto es, en lucha contra el revisionismo. Pero todo el conjunto dinámico de lucha es lo que en realidad conforma el marxismo como doctrina viva. Así pues, el revisionismo es la componente antitética o negativa del marxismo, no proviene de fuera de él, no es, como a veces se intenta explicar, una intromisión de la ideología burguesa en su seno. La ideología burguesa puede entrometerse dentro del marxismo siempre que la lucha entre los dos opuestos, marxistas ambos, se vea frenada y no cumpla así su papel de sellar adecuadamente la unidad contradictoria que forman. El revisionismo marxista es el que abre las puertas a la ideología burguesa. Sólo la lucha entre ambos opuestos impide la entrada de la ideología burguesa, pues permite la continua vigilancia revolucionaria y el desarrollo de la contradicción entre marxismo y revisionismo.

Sin embargo, cuando dentro del movimiento comunista se ha interpretado que el enemigo principal residía en cualquier caso fuera del propio marxismo, fuera del propio movimiento, lo que se ha hecho es plantear incorrectamente el proceso de la lucha, se ha dejado libre el componente negativo del marxismo, por lo que éste ha podido desarrollarse sin el control del polo positivo y, así, convertirse en puerta de entrada del enemigo en cuanto la vigilancia revolucionaria marxista estaba distraída en batallas secundarias. Esta visión de situar al enemigo en el exterior es la dominante en el movimiento comunista, ha predominado durante todo el ciclo y predomina todavía en los sectores más avanzados del movimiento comunista actual, como ocurre entre los colectivos maoístas. Esta visión es la opuesta a la dialéctica. Supone en realidad la aplicación de la fórmula idealista dos se combinan en uno . Se cae de lleno en ella cuando se hace prevalecer la componente unitaria frente a la del antagonismo en la pareja unidad-contradicción, pues se relega a un segundo plano al antagonismo que es sobre el que gira la lucha entre los contrarios, y la lucha es el motor del desarrollo.

En la naturaleza del marxismo, como en la de cualquier otra categoría, la unidad es una cualidad intrínseca de su existencia porque es fruto de la esencia que representa la lucha de los contrarios que la forman y lo que permite que la categoría se desarrolle. Luego la unidad ya está ahí. La unidad siempre existe porque quien la garantiza es la lucha, pero la lucha entre los contrarios de la misma categoría y no la lucha de uno de sus componentes contra otra unidad de otra categoría diferente. Al enemigo, al capitalismo y a su ideología burguesa, el marxismo ha de enfrentársele en lucha entre sus propios contrarios. La unidad de la lucha entre marxismo y revisionismo en el seno del marxismo-leninismo se enfrenta a su vez a la lucha de este último con el capitalismo con el cual forma otra unidad ideológica de lucha que representa la lucha de clases a todos los niveles, y que se extinguirá con la desaparición de las clases y, por consiguiente, de la propia contradicción. Entonces, es cuando aparecerá una nueva contradicción.

Así pues, la incorrecta comprensión y aplicación de la dialéctica es el principal error en que incurrió el movimiento comunista, y en especial la vanguardia bolchevique soviética que lo lideraba y que trajo consigo unas consecuencias que adquirieron una gravedad tal que no sólo no evitaron la restauración capitalista en la URSS, sino que en cierta medida la propiciaron. La relación entre vanguardia y masas no será resuelta y la relación entre teoría y práctica se decantará hacia la supeditación de la primera a las necesidades de la segunda, reducida ésta a la condición de práctica económica. Las consecuencias que este proceder acarreará, por ejemplo, en la investigación científica serán graves en algunos campos. La politización de la propia ciencia la llevará a depender del voluntarismo de los planes económicos del Partido, llegando a tachar de anticomunistas las leyes científicas que advertían de la imposibilidad de aplicarlos. El caso más extremo, aunque no el más significativo desde el punto de vista del materialismo dialéctico, se produjo en el debate sobre la genética, que estuvo más relacionado con los avatares sociales y políticos de la URSS que con aspectos científicos. Éste debate terminó con la prohibición de las leyes de Mendel por burguesas, lo que supuso un atraso de décadas al intentar aplicarlo a la agricultura